jueves, 16 de agosto de 2012

Noche - de La ciudad sin Laura (Francisco Luis Bernárdez)

Dulce tarea es contemplarte, noche que me has
acompañado sin descanso.
Dulce tarea es contemplarte desde la tierra
con los ojos desvelados.
¡Por qué razón me da tristeza la muchedumbre
silenciosa de tus astros?
¿Cuán es la causa de mi angustia cuando me pierdo
entre tus mundos solitarios?
A la deriva por el cielo, son como buques
hace tiempo abandonados.
Van empujados por un viento desconocido
hacia países ignorados.
Hasta el fulgor meditabundo que los anima
es un fulgor desamparado.
Desde la tierra dolorosa presiento a veces
su clamor deseperado.
¿Serán como éste aquellos mundos, noche serena
que me llevas de la mano?
Al hombre triste le parecen que son felices,
porque siempre están lejanos.

Dulce tarea es contemplarte, noche que me has
acompañado desde niño.
¡Con qué impaciencia te esperaban aquellos ojos
en la plaza de Retiro!
Mi corazón de pocos años era pequeño,
pero estaba pensativo.
Aunque la sangre no se viera, posiblemente
ya estuviera un poco herido.
Mis compañeros se marchaban cuando agrandabas
el lucero vespertino.
Cuando los otros se alejaban yo me quedaba
para verte sin testigos.
Me impresionaba tu silencio; tu poderosa
inmensidad me daba frío.
Y sin embargo ya te amaba con una mezcla
de temor y de cariño.
Acaso el alma presintiera que su dolor y tu dolor
no eran distintos.
¿Ya no te acuerdas de mis ojos, de aquellos ojos
empañados sin motivo?

Dulce tarea es contemplarte, noche que me has
acompañado desde siempre.
Cuando las penas me agobiaban, tú me tenías
compasión y eras más leve.
Con tus estrellas numerosas ibas contando
mis heridas indelebles.
Algunas veces alcanzaban, pero eran pocas
tus estrellas otras veces.
Yo te bebía con los ojos como la tierra bebe
el agua cuando llueve.
Tenía sed de que me hablaras y me dijeras
el secreto de la muerte.
Tú sabes bien por qué se vive, tú sabes bien
por qué se goza y se padece.
Pero callabas y callabas, siempre encerrada
en tu silencio indiferente.
No sé por qué me aprisionabas entre oscurísimas
y altísimas paredes.
En La Calera y en tu sombra la voz del río
murmuraba dulcemente.

Dulce tarea es contemplarte, noche que me has
acompañado en este mundo.
Lo que esperé toda mi vida vino contigo para
siempre en un minuto.
Córdoba entera se apagaba con las campanas
temblorosas del crepúsculo.
Mi vida tiene desde entonces el corazón de una
mujer como refugio.
En esta lucha despiadada con el espacio y con el
tiempo estoy seguro.
Ya no me duele haber nacido y estar muriendo
bajo el cielo taciturno.
Porque el amor omnipotente le da sentido
verdadero a lo que sufro.
Dios no se olvida de los hombres, aunque parezca
muchas veces ciego y mudo.
Eras oscura como siempre, noche que viste
el nacimiento de mi júbilo.
Eras oscura como siempre, pero mi amor te iluminó
como ninguno.

Dulce tarea es contemplarte, noche que ahora como
ayer estás conmigo.
Y mucho más desde que siento que en otro ser
he descubierto mi destino.
Un regocijo sin fronteras al obstinado sufrimiento
ha sucedido.
¿Cómo no estar lleno de gozo cuando se sabe
la razón de haber nacido?
Por primera vez en este mundo sé que se puede
ver la dicha y estar vivo.
Dios ha querido libertarme, Dios ha querido
rescatarme del olvido.
Dime que sientes lo que siento, noche que vas
eternamente al lado mío.
Dime que sabes y comprendes lo que decimos
los que amamos y sufrimos.
Dime que ves, dime que escuchas a las mujeres,
a los hombres y a los niños.
Y luego cántame tus cantos hasta dejarme
poco a poco adormecido.

Francisco Luis Bernárdez

Génesis de un poema de amor (Carlos Levy).

Escribo tu nombre
y tengo el comienzo del poema
Le agrego tal vez la palabra aire
entonces digo
«tu nombre y el aire»
Pero acaso puede haber
un poema con tu nombre
donde no navegue un barco?
Es claro, lo que quiero decir es que,
«tu nombre navega
en el aire como un barco».
Sin embargo 
hay que aceptar
que los barcos del crepúsculo son tristes,
y que el poema
ya no es el que fuera.
Leo:
«tu nombre navega como un barco
triste en el crepúsculo».
Y me niego
«No quiero que tu nombre
navegue como un barco
triste en el crepúsculo».
Reflexiono. Demasiado breve.
Afuera el otoño crece en el amarillo de la melancolía.
«No quiero que tu nombre
navegue como un barco
triste en el crepúsculo
aunque el otoño te empuje
con el viento de las melancolías».
Pero, caramba, se me ha filtrado la palabra viento, 
y, el viento es un pájaro de aire, ay.
«No quiero que tu nombre
navegue como un barco
triste en el crepúsculo
aunque el otoño te empuje
con el viento de las melancolías
te prefiero volando como un pájaro de aire».
Además, hay algo más; 
debo confesarte que te imagino,
girando,
en un sistema de risas, por eso,
«No quiero que tu nombre
navegue como un barco
triste en el crepúsculo
aunque el otoño te empuje
con el viento de las melancolías.
Te prefiero volado
como un pájaro de aire,
te prefiero girando
como un sistema de risas,
volando, 
             girando,
                         volando».
Ya ves,
no escribí tu nombre, todavía,
y ya tengo
el comienzo del poema…

*
Carlos Levy

Oración un 31 de diciembre (Carlos Levy).

Oh Dios de los ateos
de los locos y los suicidas,
de los marineros sin mar
y de los que se navegan por dentro,
vos que no hiciste ni el cielo ni la tierra
ni el sol
ni el bien
ni el mal
que estás en el viento y en la lluvia
y alterás tu ruta ante los templos;

Dios silente que fundaste la palabra soledad
y nos diste los puntos cardinales

Dios Señor de los manicomios
de los mapas húmedos y olvidados
en la oscura dimensión de las postales;
Dios de Artaud y Dios de Whitman
de Erdosain y de Fijman
del Lucio que tenía cada vez más fantasmas
y de aquella,
Marylin que se murió de estar tan sola.


A esta hora de la tristeza
Dios que estás en nosotros
no nos olvides ahora.

Hoy 31 de diciembre de este siglo pavoroso
danos a nosotros un poco menos de cordura
quítanos los límites humanos
y desata las cuerdas de nuestros cuerpos
no nos dejes caer en la tentación del letargo
no nos prives del viento, tu palabra
no nos abandones mientras estemos vivos
que el día de nuestra muerte
prometemos olvidarte


                                  Amén

La doce (Marcos Silber).

Hay sequía loco. Va para largo que no cae una gota de merca.
El Monje está guardado, y no alcanza el fervor maternal de la Rusa María,
La braguetera del callejón no alcanza.
Ni alcanza el fueguito que Juan "Mechita” sostiene como llama votiva.
Entonces nos juntamos -vea- a gritar cantar entre todos.
Decimos queremos hacer el odio no el amor y decimos
Con los derechos de la misiadura y decimos
El que no canta grita que se borre y decimos
El que se borra es hijo de la yuta.
Hay sequía loco. Va para mucho que no cae una gota de merca.
Aunque el Nene Manguera anuncia: hoy vienen.
Viene el Alemán barbudo, se llama Carlos y la tiene clara;
Te la dice posta cómo te tragan los de arriba.
Chamuya fino pero se entiende.
Y también viene Vladimiro, el bocha que no deja de chillar
todo el poder a la doce’. Y anuncia Manguera: algo traen, no sé.
Son de peligro dice la taquería. Deben traer de la buena.
Sería grande que no tarden.
Aquí hay bronca y soledad y frío y oscuridad hay aquí.
Se supo, fue el cuervo Marito
Quien se volteó a la sorda del kiosco.
Y Manguera dice que Vladimiro dice que Carlos dice:
"los de abajo no deberían lastimarse entre sí”.
Hay sequía loco. Va para demasiado que no cae una gota de merca.
Entonces nos juntarnos -vea- para gritar cantar
‘Queremos hacer el odio no el amor’ y decimos:
Con los derechos de a misiadura y decimos:
Así que vengan los pesados del verso
Los grandotes de la palabra que vengan.
Que venga el Portugués Fernando con sus múltiples sombras;
Que venga el Ciego Mayor Señor de los Laberintos,
Aquí los espera el arca con las cenizas de Alejandría.
Que venga el cabrón Perse con sus “poemas hechos de nada”;
Y el tano Salvatore que venga, el Quasimodo, porque
anochece y estamos solos sobre el corazón de la tierra”;
y que venga Federico, el espléndido marica,
en la calle ésta de los cuchillitos estaremos a las cinco en punto de la tarde.
Que venga el Capitán de Chile con sus mineros que venga
Don sus versos más tristes y el azul de metileno.
Y el Cholo César que venga, que se traiga su jueves,
El puto jueves, la puta muerte, el aguacero.
Hay sequía loco. Va para eternidad que no cae una gota de merca.
¿Qué pasa? ¿Se murieron los dilers? ¿Todos se murieron?
¿Qué dice la gilada? ¿La tele qué dice?
¿Dice algo de nosotros, algo dice? ¿Por qué no vienen?
Arrugan, eh! ¿Tienen miedo? ¿No quieren mostrarnos la jeta?
¿Malos somos? ¿Somos feos?
Monstruos, esos somos; forajidos y oscuros y perdedores y reos somos; eso.
¿Qué pasa hoy, no servimos? ¿No vendemos?
¿No hicimos ningún barullo grande, no nos fumamos todo, no tapamos el cielo?
¿No somos noticia hoy? ¿Ningún chico se regaló para fiambre?
Vengan turros y díganle a la gilada que aquí es siempre noche, sólo noche, y que te devora las tripas la víbora de fuego;
y que el silencio, esa rata de la oscuridad
se pone arriba del día, y digan que te pudre, que mata, revienta. Vengan turros y vean la tiniebla, que vive aquí,
Que no se corre, que se queda.
Hay sequía loco. Va para olvido que no cae una gota de merca.
No queda otra entonces que juntarnos a cantar gritar
"queremos hacer el odio no el amor"
y decimos: pesa el bajón, loco, pesa.
Va para el reloj de todo el tiempo y no da para más la sequía. No.
Así que vengan los pesados del verso los grandotes de la palabra que vengan,
que vengan a levantarla aquí. Aquí donde vamos a regarla
con alcoholes de zozobra y blancas de soledad vamos a regarla;
con los gritos nuestros los cantos de nosotros
disparados desde las tripas nuestras de nosotros;
que vengan los pesados los grandotes que vengan
los Papás de la espléndida palabra
que vengan hasta/para el corazón la cabeza
de nuestro fugitivo chiflado mísero día.
De cada día.
Aquí.

Marcos Silber

También lo encontré como prosa. Lo prefiero como poema.

1964 (Jorge Luis Borges).

Ya no es mágico el mundo.Te han dejado.
Ya no compartirás la clara luna
ni los lentos jardines.
Ya no hay una luna que no sea espejo del pasado,
cristal de soledad, sol de agonías.
Adiós las mutuas manos y las sienes
que acercaba el amor.Hoy solo tienes
la fiel memoria y los desiertos días.
Nadie pierde, repites vanamente
sino lo que no tiene ni ha tenido nunca,
pero no basta ser valiente para aprender
el arte del olvido.
Un símbolo, una rosa, te desgarra
y te puede matar una guitarra.

Ya no seré feliz, tal vez no importa,
hay tantas otras cosas en el mundo,
un instante cualquiera es mas profundo y diverso que el mar.
La vida es corta y aunque las horas son largas,
una oscura maravilla nos aceha:la muerte,
ese otro mar, esa otra flecha que nos libra del
sol, de la luna y del amor.
La dicha que me diste y me quitaste debe ser borrada,
lo que era todo tiene que ser nada.
Solo me queda el goce de estar triste,
esa vana costumbre que me inclina hacia el
sur, a cierta puerta, a cierta esquina.-

Jorge Luis Borges

Duda (Casanovas).

Si voy a ti
con la lanza quebrada
el yelmo levantado
y el escudo desecho

si voy a ti
con un sartal de poemas
las imágenes rotas
y una rima defectuosa

si voy a ti
borracho de mis penas
lloviéndome miserias
cubierto de rocío

si voy a ti
armado de neutrones
con dos memorias libres
mientras programo el tiempo.

Dime cómo seré recibido.

(Casanovas)

Poeta cubano, Casanovas, no pude encontrar más datos, me lo enviaron por email, no creo que sea Martí Casanovas.

Génesis (Carlos Levy).

Y dijo la soledad
hágase la tristeza
y la tristeza se hizo;
háganse los recuerdos y los vientos de agosto
y fue poblada la ciudad de adioses;
háganse los límites y las puertas
y las cerraduras de las puertas
y las camas se hicieron y los íntimos hoteles
y las llaves numeradas;
dijo hágase la lluvia
y la humedad se hizo
y dibujó la humedad en las paredes,
caminos insondables;
háganse los puertos y los andenes, dijo
y la distancia se hizo
y no dio la soledad remedio a la distancia;
dijo
serán los jueves mis días
y le abrió a los jueves llagas en el crepúsculo
y viendo que los jueves no alcanzaban
fueron los días consecutivos iguales a los jueves;
y dijo después
háganse los lugares donde se nombrarán
y las esquinas hizo y los bares,
los cafés con apuro y los corrillos
y la rosa del alba hizo;
y viendo la soledad nuestros silencios
dijo
hágase la melancolía
y la melancolía se hizo.

Carlos Levy
de Café de Náufragos